Amar es florecer

Se cuenta que el sabio poeta Khalil Gibrán dijo:

Cuando los hombres, me interrogaban acerca de los misterios del amor, yo les respondía y los convencía de mi conocimiento. Mas ahora que me ha envuelto en su manto, soy yo quien pregunta acerca de sus caminos y características.

Cuánta sinceridad hay en la confesión del poeta; hablamos mucho del amor, lo idealizamos, lo hacemos versos, lo describimos en prosas pero, desgraciadamente, la mayoría de las veces no lo conocemos en realidad.

Nadie que no haya madurado emocionalmente, que no haya alcanzado la plenitud de su existencia, puede amar. El amor es un florecer, es echar raíces en la existencia; pero ello implica haber superado la dependencia y la necesidad de que el otro viva en función de nuestras carencias.

Muchas veces oímos decir te necesito para que me des amor, ando en busca de la persona que pueda hacerme feliz, o quiero encontrar la compañía para acabar con mi soledad.

Quién así habla no hace más que poner de manifiesto su drama, nunca podrá encontrar el amor; porque aun cuando no lo sepa está incapacitado de amar. El amor-necesidad, el amor-deficitario, depende de otros, por lo tanto es un falso amor, es un amor inmaduro si es que tenemos la bondad de llamarlo así.

El amor verdadero esta muy lejos de ser una necesidad, por el contrario, es una fragancia, es un regalo que queremos dar, es un estar feliz que queremos compartir. El verdadero amor es un estado de ser, es una condición que nos transforma nuestra actitud ante la vida.

El amor no es una relación como muchos pueden pensar. Lo cierto es que la relación se mantiene cuando existe el amor realizado, y cuando una relación fracasa es porque no alcanzó tal condición.

No se puede envejecer al lado de alguien por una obligación moral, ni siquiera por una deuda de gratitud; ambas situaciones pueden conducir a un odio secreto o un rechazo disimulado.

Muchos piensan que, como el poeta Gibrán, son sólo los poetas los que tienen el privilegio de conocer el amor. El único privilegio que Dios le ha dado al bardo, es poder expresar con palabras sus más íntimas penas causadas porque el amor no se ha hecho presente.

La naturaleza, sabia, infalible y generosa, ha puesto más amor en el seno de una madre ignorante, que en el más reconocido de los poetas. La poesía de amor no es más que una suplica del bardo pidiendo a Dios no le permita transitar por la vida, huérfano de amor.

Imagen obtenida del blog de mi amiga Leyla

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